Cuando te sientes la peor madre del mundo…
Culpa, frustración, impotencia. Me he sentido mal, muy mal. Hoy hemos chocado, hoy había emociones sin control por ambas partes, hoy ambas tuvimos una pataleta… hoy me he puesto a su altura pero no para entender, empatizar y ayudar, sino para todo lo contrario. Hoy me he dejado llevar por ese diablillo que muchas veces nos intenta convencer de que los hijos han de obedecer porque somos sus padres, que han de hacer lo que nosotros decimos… todo eso con lo que hemos crecido y que, aunque deseamos transmitir unos valores diferentes, pues está ahí, en nuestro interior… y hoy he levantado la barrera … hoy , tras 1, 2, 3, 4 veces que ha estado tanteando los límites y yo he estado conteniendo la respiración, a la siguiente ya no he podido frenar.. hoy me he enfadado mucho… hoy teníamos que subir a casa porque sí y verla tirada en el suelo pataleando no me lo ha impedido, la he cogido igualmente mientras seguía pataleando… y después he sentido que algo se rompía en mi interior, he sentido que fallaba como madre, me he sentido horrible y las lágrimas han comenzado a brotar …
Y entonces me ha visto… ella, que aún medio lloraba, me ha visto llorar y ha venido corriendo preocupada, me ha mirado a los ojos y ha susurrado: “ Mami…” Y le he dicho: “Mami está triste, ¿le das un abrazo?” y no ha tardado ni medio segundo en venir a mis brazos….. Y entonces la he abrazado con todas mis fuerzas y le he pedido perdón, le he explicado que mamá se ha puesto nerviosa y que intentará que no pase más. Y también le he hablado de su comportamiento, que tiene que escuchar a mamá antes de enfadarse tanto como lo hace. Y es que mi niña es intensa, y mucho… pero lo es en todos los sentidos… muchas veces te lleva al límite y otras muchas te hace reir a carcajadas y morir de amor… y siendo sincera, no desearía que fuera de otra manera, quizá porque sé que va a vivir una vida sintiendo a cada paso, una vida intensa, como ella.
Y ahora, mientras papá le lee un cuento, yo reflexiono sobre lo ocurrido. Y me perdono. Me perdono porque no soy una madre perfecta, ni lo quiero ser. Me perdono porque me he castigado por esa reacción. Me perdono por sentirme culpable. Me perdono porque eso es maltratarme. Me perdono por no quererme lo suficiente. Y respiro profundo. Y me sonrío. Y me siento bien. Y me digo que la maternidad es difícil y que volveremos a encontrarnos con estas situaciones, con momentos de emociones disparadas… y únicamente me pido paciencia y confianza en mí misma para parar y bajar revoluciones. Porque la maternidad, la vida, es un continuo aprendizaje y situaciones como las de hoy te enseñan. Y hoy estoy más convencida que nunca de lo importante que es el enfoque de la disciplina positiva y que, tras una caída, lo retomamos con más fuerza y más ganas. Porque es el camino, porque a veces es difícil aplicarla pero, sin embargo, con ella todo es más fácil …