Disciplina positiva

Disciplina positiva: puntos clave

Cuanto más aprendo sobre disciplina positiva, más me gusta. El sábado asistí a un curso/taller sobre el tema y estas son algunas de las cuestiones claves con las que me quedo.

En primer lugar debemos tener muy presente que nosotros, los padres, somos su modelo. Ellos nos imitan, replican nuestros comportamientos. Por ello nuestro lenguaje corporal, nuestras maneras, son mucho más importantes que nuestras palabras. Pero además, en ocasiones lanzamos mensajes contradictorios: “¡Te he dicho que no grites!…” (lo decimos gritando), es incoherente y solo aumentaremos su confusión.

En la disciplina positiva se cambia la relación jerárquica padres – hijos, donde los padres dan órdenes y los hijos obedecen, por relaciones horizontales, donde los padres somos sus guías y les brindamos apoyo en su desarrollo como personas.

La comunicación y la empatía son fundamentales. Sus comportamientos tienen un motivo, pongámonos en su lugar, intentemos averiguar qué les ocurre y ayudarles si está en nuestra mano. Si no lo está, les podemos transmitir que cuentan con nuestro apoyo y que les acompañamos, que estamos a su lado.

Debido a la fisionomía de su cerebro, con partes aún en desarrollo, los niños no pueden controlar sus emociones como lo hacemos los adultos y, por ello, en la mayoría de sus “rabietas”, no sirve de nada intentar hablar con ellos del porque en ese momento, no sirve de nada un enfoque racional, necesitan que les acompañemos, que les abracemos, que entendamos que son niños y que no saben gestionar sus emociones. Esto se convierte en algo complicado en los momentos en que a nosotros también nos cuesta gestionar nuestras propias emociones, cuando estamos cansados, hemos tenido un mal día… . Aquí es importante realizar una “pausa positiva”. En esas circunstancias no podemos ayudar a nuestros hijos, debemos parar y recuperarnos.

Puede parecer que se trata de dejarles hacer lo que ellos quieran. No es así. Se trata de educar con cariño pero con firmeza. Cuando son pequeños, nosotros les ponemos límites, nosotros les mostramos lo que no pueden hacer porque es peligroso: No se juega con los cuchillos, no se tocan los enchufes…. Pero reservemos los “NO” para estas cosas. Si los utilizamos continuamente pierden su valor… Además, debemos tener presente que cuando les decimos que NO hagan algo, sin más, seguramente es lo primero que harán. Igual que si a nosotros nos dicen, “no te imagines un elefante rosa”, lo primero que hacemos, instintivamente es imaginarlo…

Sí, la teoría suena bien pero luego hay que llevarla a la práctica, y esto es lo más difícil, no nos vamos a engañar… La disciplina positiva no nos va a proporcionar una varita  mágica para solucionar de un toque todos los retos a los que nos enfrentamos como padres. Bajo mi punto de vista es necesaria una transformación, un cambio de perspectiva ante cada nuevo reto que encontremos. Pensemos que cada reto es una oportunidad, sin importar las veces en que no lo hagamos bien. Vivimos en un mundo en que parece que si no vas corriendo a todas partes no aprovechas la vida, pero aquí lo importante es la paciencia… Y nosotros debemos estar bien, debemos cuidar de nosotros para poder cuidar de ellos. Nuestro bienestar es su bienestar, no lo olvidemos.

Por último un ejemplo real aplicando la disciplina positiva. Sales de casa y tu hija no quiere ponerse la chaqueta. La reacción habitual sería decirle una y otra vez:

  • Venga que nos vamos, ¡ponte la chaqueta! y/o ¡Si no te la pones no salimos!

Ante su negativa, acabarías corriendo detrás de ella repitiendo la misma frase e intentando ponerle la chaqueta  contra su voluntad. La cosa habitualmente acaba en enfado y llanto.

La alternativa (testada) sería:  respirar hondo, dejar la chaqueta a un lado (encima de cualquier silla), sentarte en el sofá y hablarle, explicarle lo que vamos a hacer (con una sonrisa y tono de emoción):

  • Ven cariño ¿sabes que nos vamos a ver a unos amigos? Vamos en el coche. ¿Te apetece?
  • ¡Sí!
  • Y luego daremos un paseo, verás que bien lo pasamos…

Ves como esboza una sonrisa y le dices:

  • Ahora solo nos falta encontrar tu chaqueta, nos abrigarnos y nos vamos!
  • ¡Vale!

E increíblemente ves como va corriendo a por su chaqueta y te la trae para que se la pongas. Y es que la estamos haciendo partícipe de la situación, de lo que vamos a hacer. Y en ese momento tú te sientes tan bien … ☺️

Cada pequeño logro como éste te da fuerzas para seguir en ello, porque merece la pena. 😍

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