La montaña rusa
Hoy era festivo y aprovechando la visita de los abuelos hemos pasado el día fuera haciendo un poco de turismo. En la comida, al poco de sentarse, mi hija ha hecho algo a lo que está aficionada últimamente (y que esperamos se le pase pronto): lanzamiento de objetos… en este caso ha sido la carta del restaurante, con tal puntería que ha tirado una copa de cerveza sobre su padre y su abuela 😲! Bueno son niños, no pasa nada… decimos.. el segundo lanzamiento ha sido el de una botella de agua que yo he interceptado y que ha caído sobre el plato del padre, evitando un nuevo remojón en cerveza de la abuela, bien! … yo no sé si le pasa a todos pero nosotros estamos mejorando mucho nuestros reflejos desde que somos padres… el lanzamiento de la merienda ha hecho que una servidora comenzara a reír sin parar porque ha acertado a colocar un trozo de magdalena en el café con leche del abuelo, sentado en frente mirando el móvil, y que ha visto cómo le llegaba el café a las gafas… yo, que he visto la escena completa, aguantando la risa he mirado al padre para que le dijera algo a la criatura (yo evidentemente no podía..) y le oigo decir “Cariño, tú sabes que eso son 3 puntos…?.” bueno ahí sí que no he podido parar de reír …
En la cena ya no ha sido tan divertido… llevábamos un rato con actitud rebelde, subiéndose a las sillas, tirando juguetes… y después de no querer comer apenas la crema de verduras que tenía preparada y yo haber apartado el bol de su alcance (teóricamente), ha conseguido llegar y tirarla por toda la mesa hasta conseguir mancharse el pijama… En ese momento me he encontrado en el punto alto de la montaña rusa a punto de descarrilar y … me he ido a respirar 10 segundos.. bien! Porque de ese modo he podido torear algo mejor los siguientes ataques de rebeldía y darme cuenta de que al final tenía sueño…
Pues sí, la maternidad es una montaña rusa, momentos en que te los comerías a besos y momentos en que te ponen al límite y te encuentras con emociones difíciles de gestionar.
Hace unos minutos se me ha dormido en brazos y me la hubiera comido a besos (solo le he dado 3 o 5). Y la verdad es que en ese momento ya no me acordaba del mal rato. Esto también nos pasa a los padres, ¿no? Desarrollamos como una amnesia selectiva de los malos momentos y que se activa con tan solo una sonrisa de nuestros hijos…