Un sábado cualquiera
Sábado, 8.37 de la mañana, suena el despertador: “¡Mamiiiii, maaamii, maamiiii!!!” . Con solo un ojo abierto y sin las gafas vas a la habitación de tu hija, con suerte no te tropiezas con ningún juguete y llegas sana y salva. La coges en brazos, vuelves a tu cama, la colocas entre los dos y te haces la dormida…. 😴 . No cuela…. Ya está sentada en la cama cantando… sabes que se acabó el dormir, hay que levantarse pero no puedes moverte..😅… De repente la ves de pie a punto de saltarte encima… nooo!! Y sales de la cama a la velocidad del rayo. Venga, ya que estamos despiertos vamos a aprovechar el día.
El desayuno es algo más largo de lo que esperabais, pero no porque sea relajado, no no, más bien todo lo contrario… Sentados los tres a la mesa ninguno de los dos progenitores hemos podido evitar que el zumo de naranja acabe derramado por mesa y suelo… eso sí, hemos conseguido que los trozos de pan voladores no cayeran en nuestras tazas de café! 🙌. Tras desayunar recogemos el campo de batalla… “¡Parque!” Dice tu hija. “¡Sí! Venga a vestirnos” . Pero ella tiene otros planes… ves que va decidida hacia los juguetes, coge la caja llena de fichas de colores, la abre y tú le dices: “¡Nooooo!!”. Ella te mira, sonríe maliciosamente y deja caer tooodas las fichas al suelo inundando el comedor 🤦…. Ahora te toca decidir, ¿recoges tú rápidamente las fichas para poder marcharos antes o le enseñas que hay que recoger lo que se tira y pactas con ella recoger entre las dos (sabiendo que ella guardará una y sacará 3…). Te gustaría elegir la primera opción para poder avanzar pero finalmente te decides por la segunda…
Todo recogido. Ahora sí vamos a vestirnos. Cuando le quieres poner los pantalones te dice “¡yo!” y coge el pantalón y se lo intenta poner por la pierna equivocada… Le intentas ayudar: y su respuesta “¡Noo! ¡Yooo!”… Paciencia… Finalmente la convences y consigues vestirla. Os vestís también vosotros en dos tiempos y ¡todos preparados! “Venga hija ven a ponerte la chaqueta que nos vamos a la calle”. No viene. Te acercas a ponérsela y sale huyendo. Acabáis persiguiéndola por toda la casa diciendo “¿no quieres ir a la calle?” tu hija “¡sí! ¡calle!” “Pues hay que ponerse la chaqueta!” Ella se parte de risa y sigue corriendo … Por fin la atrapáis y llegáis a la puerta. Hora: 12.45!! 🙄… ya casi hay que volver a comer… pero vamos, aunque sea dar la vuelta a la manzana…¡nos vamos a la calle!!
Antes de tener hijos se piensa que con ellos se podrán hacer prácticamente las mismas cosas, seguir haciendo planes, que simplemente hay que adaptarlos a ellos, y es verdad, el problema es conseguir salir de casa… 😂
Si algo me ha enseñado (o más bien me está enseñando) la maternidad es a ser paciente… con los niños no hay otra manera. No entender ni aceptar esto nos puede causar muchos malos momentos, impotencia, frustración y muchas rabietas por su parte. La parte positiva es que aprender a ser paciente con ellos nos ayudará a serlo también en otros ámbitos de nuestra vida, a vivir más pausadamente, sin tantas prisas… Y es que cada vez estoy más convencida de que la maternidad es una gran oportunidad para mejorar, es un aprendizaje que si sabemos aprovechar nos hará vivir una vida más plena y feliz..😍